Empecemos por lo que ya probaste. Casi todos los geles corrientes limpian con tensioactivos aniónicos, que están diseñados para disolver grasa. Es literalmente su trabajo. El problema es dónde los usas.
La piel de la zona íntima externa se protege con una película de lípidos finísima. Es su muralla. Cada lavado con un producto pensado para arrastrar grasa se lleva parte de esa película por delante. Sin ella la piel se seca, aparecen microfisuras y pierde resistencia. Y aquí llega la parte que casi nadie cuenta: esa piel irritada se interpreta como falta de higiene, así que se lava más, con más producto y más a menudo. Cuanto más se insiste, más deprisa se deshace la muralla.
Vivir en España tampoco ayuda: gimnasio, ropa ajustada, poliéster, duchas dobles en verano y un gel de ducha de pH 7 u 8 usado para todo el cuerpo por igual.
Y por eso el gel de farmacia se quedó a medias. Corrigió el número del pH, que era la mitad del asunto. La otra mitad era lo que el producto se llevaba.